Últimamente he de reconocer que estoy un poco ‘pesao’ con eso de hacer números. Miro la rentabilidad en todo. Y a todo le intento buscar ese sentido oculto que aguarda a las cosas que devuelven dinero. El otro día, destilando una resaca, me encontré haciendo números con el dichosos secuestro del ‘Alakrana’. ¿Cuánto costará -me pregunté- una pieza de atún?

El móvil para hallar la respuesta no era la crítica al Gobierno y sus compinches del CNI. No. Creo que en estos asuntos, donde el personal ‘diplomático’ tiene que vérselas con traficantes y secuestradores (perdón, pero lo de llamar a esta gente ‘piratas’ me parece añadir una literatura gratuita al asunto…) sea algo opinable. Y menos para gente, como nosotros, que vemos el filme por TV, desde nuestro salón urbanita, acompañados de más urbanitas, cuya mayor aventura ha sido ponerse ciego en el Space (en Ibiza; por cierto, histórica cuna de verdaderos piratas. Y si no, miren cómo se las gasta allí el Matutes).

Sinceramente, me sonroja mucho ver a tertulianos de mantel y caldereta decir cómo se tenían que haber hecho las cosas. Siempre en pasado, claro. ¡Pero qué sabrá el personal de tratar con mafiosos! Qué sabrán, si les llaman ‘piratas’. Por el amor de Dios, estos señores tienen abogados en Reino Unido porque han sabido adaptarse al medio. Son especialistas. Y lo están demostrando con pescadores de Portugal, Francia, Holanda…

Por mucho que digan desde el Gobierno. Alguien, la aseguradora, el patrón, la heredera del Conde de Peñalver, ha pagado los 2,3 millones de euros (unos 400 millones de pesetas). La preunta, desde esta pulsión inconsciente por la rentabilidad, sería: ¿es mucho o poco? Pues, lo crean o no, me parece poco. Sobretodo si contamos con los gastos colaterales que ha supuesto el altercado para el Estado. No es que vaya de listillo. Yo no le saco al Estado ni una contrata para fregar suelos en La Moncloa… Pero un mínimo chequeo arroja cantidades mucho mayores.

Veamos: dos fragatas trasldadas a la zona, con su tripulación y sus marines vallecanos (cientos; de modo que calculen el gasto en salarios). Combustible para llegar hasta allí. Y combustible para los helicópteros. Desplazamientos y dietas (¡ojo a esta partida!) de diplomáticos y espías.

(NOTA PARA EL BLOG BUENO: ¿qué hace un espía español en Somalia? ¿Se disfraza de Baltasar)

A lo que habría que sumar los gastos en comunicación, ruedas de prensa, llamadas telefónicas. Ah, y las famosas ‘mordidas’ para hacer que un somalí cante algo, aunque sea un chotis. Quienes hemos tenido que hacer negocio en África sabemos que poco a poco te vas convirtiendo en una estación de peaje a la inversa, donde vas soltando ‘parné’ conforme se va acercando gente.

Desconozco el montante total. Pongamos que se han ido unos 100 o 200 millones de euros. Sí, sí. O más. Pues bien, obviando el rescate, ¿podemos decir que es un gasto desmedido? Visto lo visto, los Gobiernos europeos lo tienen claro. Esos que dan ejemplo de comportamiento a todo ‘quisqui’. Esos cuya moral desaparece sin la compañía de una cámara de TV, han hecho números y han visto que hay rentablidad; al aparecer ante la opinión pública como rescatadores de compatriotas como usted o como yo. Como dice el anuncio: “hay cosas que no se pagan con dinero”. Sino con “mucho dinero”, añadiría.

En Zahara de los atunes, un pescador me dijo que en una almadraba podían sacar más de cien piezas. Aunque la cosa estaba “jodía”, dado que cada año son menos los atunes que cruzan el Estrecho en busca de agua más fresca. Bien, aceptando que, hasta el momento del secuestro, la pesca del Alakrana haya ido bien. Muy bien. Estaríamos en unas 2.000 piezas (soy así de generoso cuando hago cuentas: así me va…).

La cuenta es sencilla: 202,3 millones de euros, dividido entre 2.000 piezas. Igual a 101.150 euros por atún. ¡Ni el caviar ruso, oiga!

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