No sé si a estas alturas del campeonato tienen el cuerpo como para que yo venga a hablarles de Gran Hermano. Pero ayer hubo en el salón de mi casa una conversación bastante intersante que no quiero dejar de contar. Partíamos con ventaja, porque conocíamos de primera mano al concursante al que estábamos destripando: Gerardo.

El síndrome del ridículo ajeno me impide estar más de dos minutos “enchufao” a tele-maruja. Pero claro, ayer el fusilado de la opinión pública tenía para nosotros un rostro conocido. Al fin y al cabo, se hablaba de un tipo con el que habíamos trabajado alguna que otra vez. Bueno, lo de trabajar, es un decir, porque Gerardo lo único que quería era gente alborotando a su alrededor…

La conversación giraba en torno a lo que los demás estarían viendo de Gerardo. Nos preguntábamos si era posible que vieran lo que nosotros vimos cuando superamos la primera fase de náuseas y mareos: una persona que conserva una inocencia primitiva gracias al mundo de celofán en el que se ha criado; y en donde ha desarrollado fantasías que aún siguen sin desetiquetar.

Ok. Resumo. Trasladado al terreno televisivo, el planteamiento del problema partía de cómo estaría gestionando él su ‘gran reto’. Está claro que Gerardo no es un concursante cualquiera. Tiene 38 ‘palos’ y una vida dedicada a ser “algo” indeterminado en el mundo de la TV. Apostaría la moto que el banco cree que le voy a pagar a que no sabe si quiera a qué lado quiere estar del pelotón de fusilamiento, que son los programas de salsa rosa. LLeva 8 años intentando entrar. Se conoce a todos los concursantes de todas las ediciones. Muchos, dice, son ‘amigos’ suyos.

Nos preguntábamos si sería posible que la gente vea la complicada trama en la que se ha metido este chaval de urbanización de Mahadahonda. Por lo que pudimos ver en la tele, Gerardo no ha conseguido entusiasmar al público ni a sus compañeros. Más bien todo lo contrario…

“Tú sabes mucho de tele…”, le decía Mercedes Milá antes de pasar a publi. Y es verdad: conoce el mundillo. Ha sido tertuliano de algún programa. Y ha hecho pilotos de programas rosas: como el que produjimos para su ego de presentador multimedia hace tres años. Nunca en mi vida he llegado a estar más convencido de que, de la misma forma que un tipo que mide 1,56 no debe pretender jugar al baloncesto profesional (bajo riesgo de mofa monumental o frustración imperecedera), hay personas que no deberían pretender ser presentadores de TV… Gracias, Gerardo!

Es decir, tener, tiene un plan. Lo está siguiendo. Y le va bien, porque se está asegurando cuota de pantalla, que es a lo que venía… Pero lo peor está por venir, Gerardo.

Ahora ya sabes que los demás han visto que tienes un plan. Pura ingenuidad, a Gerardo se le nota en cada una de sus respuestas el tembleque del cazador que se sabe cazado. Probablemente, es ahora cuando comience tu verdadero juego. Alguien dijo durante la cena que su mejor baza podría ser la del verdugo descubierto de su máscara. La del pícaro por necesidad.

Y eso es lo que le recomendaría, si Gran Hermano y la farándula que le rodea no fuera sino un gran contenedor de mierda. Pero no en su forma más prosaica, sino en un dimensión mucho más jodida de asimilar. Quiera o no, Gerardo se ha colado en un lugar creado para proyectar las frustraciones y escinificar los conflictos que nuestra sociedad no es capaz de encarar en sus propias vidas. Yo, al menos, no querría verme dentro…

“Es curioso, pero la vida real es menos conflictiva. Aquí se lleva más el buenrrollismo por encima de todo”, se decía ayer. Claro. Para discutir ya está la ficción. De hecho, los propios concursantes de estos programas conocen el sistema.

Un amigo nos cuenta entonces que viene de grabar un ‘reality’ y que las concursantes le dan al botón de la discusión en cuanto perciben que se acercan las cámaras. El resto del día se llevan bien o se ignoran directamente. Les va el pan en ello… “Yo haría lo mismo”, me digo.

Por eso no veo estos programas. Porque me veo encerrado en un contenedor de sueños y frustraciones en el que participa demasiada gente. Y se me olvida entonces escribir esto que ahora acaba usted de leer. Enhorabuena!

PD: Al releer el artículo, me da que no se entiende bien; de modo que dejo este reportaje-documental de 12′ donde se entiende todo muy clarito. Se llama ‘Conceptos clave del mundo moderno’: http://www.vimeo.com/7266172

Anuncios