No encontré otra forma de poner en práctica mi último experimento que pidiéndole a mi amigo Renato que volviera a meterse otra vez en la cámara criogénica. Sé que debería ir cambiando de amigos, pero él es el único que comprende la raíz misma de mis averiguaciones. Su plena trascendencia. Y es, además, el que mejor resiste a los fortísimos dolores de cabeza que producen estos viajes en el tiempo. Pero todavía es pronto para todo esto…

good-bye-lenin

Cartel de la películo alemana 'Good Bye Lenin'

Como un poco más adelante le explicaría a Renato, acababa de ver en el cine la película “Good Bye Lenin”. Allí, una madre socialista –hasta la médula- sufre un accidente que le deja en coma durante meses. Pero no unos meses cualquiera; sino justo en el momento en que se produce la caída del Muro de Berlín. Los días en que su país deja de existir, los alimentos que consume dejan de llegar a las estanterías de unos supermercados que, de pronto, han doblado sus luces de neón y cambiado los tarros de cristal por envases de poliuretano.

Lógicamente, a mí me interesaba la convulsión que se producía en la mente de aquella madre socialista. De alguien que creía en un modelo de vida que acababa de venirse abajo en cuestión de meses. Y eso me llevó a pensar de nuevo en mi amigo Renato. Si algo así sucediera en la actualidad. Como hace unos doce meses… El resultado –pensé- podría ser igual de provocador.

Pero no todos los días uno se enfrenta a la dura tarea de convencer a tu mejor amigo de que se meta en una cámara a menos ciento ochenta grados; de modo que creí conveniente ir ensayando la manera menos directa posible de comunicarle mis verdaderas intenciones.

Lo mejor sería implicarle desde un principio: solo tenía que hacerle observar lo que le había sucedido al planeta en los últimos meses… Si una persona –como Renato- hubiese dormido durante los últimos 365 días se habría perdido lo que ha hecho la crisis con los gobiernos. Liberales que no paran de nacionalizar bancos y de pedir dinero público al resto para financiar sus propias chapuzas. Y de izquierda, que se muestran cautelosos de aplicar las políticas que los definieron antaño. El PP y el PSOE gobernarán juntos. Y en Euskadi. Los ministros vuelven a cazar sin licencia. ¡Y qué me dicen del paro! Íbamos a por el pleno empleo hace un año…

El resultado no podía ser más alentador. El discurso estaba completo. Sin embargo, seguía temiendo por la salud de Renato. ¿Cuántos más de mis locos experimentos iba a ser capaz de soportar? La naturaleza humana, pensé, tiene sus límites. Y yo estaba a punto de saltármelos por una obsesión.

Ni que decir tiene que mi amigo Renato aceptó la invitación, seducido por mis imparables argumentos. Es un tipo valiente y confiado, que no se arruga ante adversidades como esta.

Ahora bien: ¿Y a usted? ¿Le parece descabellado nuestro experimento? Pues prueben a imaginar lo que ha hecho con nosotros el mercado financiero a gran escala. Y comprobarán que hay experimentos que es mejor ni siquiera probar.