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Es posible que hayan leído el artículo escrito por Jacobo G. García publicado en El Mundo. Con el título “¿Periodistas o niños de papá?”, en el que, a su vez, se incluye un artículo del genial (a veces) Arturo Pérez-Reverte. Son las doce de la noche del viernes 22 de enero. Y ha generado 816 comentarios en menos de 12 horas. Ni qué decir tiene que es la noticia más leída del día. ¿Por qué?

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Amo este oficio. Contar historias es uno de los ejercicios más nobles que existen en la Tierra. Requiere de un discurso. De cierta voluntad por compartir lo que te ha costado un tiempo comprender. De una valentía insensata que actúa de motor que produce palabras y sonidos. Y de un altavoz (ahora internet nos lo ha puesto más fácil) por donde expresarte. Por todo ello, no comprendo cómo se ha devaluado tanto la figura del “tertuliano”: en teoría, la herencia de una de las corrientes más honrosas de nuestro país. Las tertulias.

tertuliano

Aquellas tertulias son el reflejo de una inquietud latina por llevar a la plaza pública tus opiniones, para desespero de mesoneros, ya que cinco horas a café por persona, resulta una ocupación ruinosa del espacio a rentabilizar. En Italia, las tertulias de ‘café y puro’ se hacen en la calle; donde desconocidos se enzarzan en peleas dialécticas que intimidan por su vehemencia.

En España, el café se ha trasladado a la TV. A un plató. A una mesa que sirve de parapeto de sus vergüenzas -junto a lo políticamente correcto: verdadera trinchera de la mediocridad-. Honrosas excepciones las hay. Pero el asunto comienza a tomar una gravedad creciente.

En el argot televisivo ha nacido, gracias a algunas de estas especies, el término ‘totalero’. Se llama ‘total’ a la declaración que se publica íntegra en un informativo. De modo que el ‘totalero’ se ha convertido con el tiempo en aquél que presta su opinión para cualquier tema. Algunos ilustres ejemplos son Javier Nart o José Cabrera. Personas que son capaces de salir al ruedo, llueva, nieve o haga calor.

Pero esta especie tiene un duro competidor en el periodista-tertuliano. Un ser que vomita comentarios insulsos y vacíos; eso sí, en voz alta. Gritando, en un acto de intimidación oratoria que se queda en la pura forma. Esta variedad de periodista suele dejar entrever su idiología como valor de marca propia.

NOTA PARA EL BLOG BUENO: Prueben hacer el siguiente experimento. 1) Graben un programa/tertulia, 2) Retomen su visualización con un mando a distancia en la mano, 3) Denle al “pause” antes de que un tertuliano comience a hablar, 4) Intenten adivinar su posicionamiento ante el tema.

El resultado de esta prueba -y pongo la mano en el fuego- es que hasta un niño de primaria puede prever el resultado. No hay nada más descorazonador que ver un supermercado con dos marcas. Sería la ruina del sistema. El inicio del alboroto. Sin embargo, en esto de la opinión sólo existen dos botones, dos opciones, cualquiera que sea el tema a debatir.

Que se habla sobre el aborto. Dos botones: nadie se plantea que existen supuestos (infinitos) a discutir. Que se habla del Plan E. Dos botones. nadie se plante si, pese a que la inversión pública es indispensable, habría que ver la letra pequeña; el detalle que nos dice si se gasta bien (con intención productiva) o se hace a lo loco. No, la cuestión es dejar al espectador con el discurso general. Esa puerta falsa por donde los datos se cuelan desapercibidos.

O quizás estemos equivocados. Es posible que esta gente sean superordenadores con patas que tienen una capacidad verdadera para fijar postura sobre todo (aunque el hecho de que siempre coincida con el PP o el PSOE es como para sospechar…). Oráculos de la verdad absoluta que no darán su brazo a torcer por nada del mundo. Aunque el mundo se les venga encima. Aunque la obviedad les arrastre.

Eso es. “Mamá, quiero ser teruliano”. Cuando sea mayor, me pondré la camisa de los domingos. Y me presentaré en un plató de TV. “¿De qué hay que opinar hoy?”. Del Alakrana. “Ok, estoy a favor”. ¿A favor de qué? Del Alakrana, por supuesto…

Perdonen la ofrenta. Pero hoy me veo obligado a recurrir al sarcasmo de citar a un político. Saben que no es de mi gusto, ya que encuentro desmedido el hueco que nuestros políticos tinen en los medios de comunicación. Pero la actualidad manda.

sarcasmo

Un día me preguntó un amigo publicista si sabía lo que una marca debería pagar por ocupar el espacio mediático de cualquier partido político. Incluso IU… Y la respuesta es que no hay dinero en una organización, por muy multinacional que sea, para hacer frente a ese hipotético gasto. Calculen ustedes: una página del diario El País o El Mundo viene a costar unos 25.000 euros (8.000 con regates). Un anuncio de 20 segundos en ‘prime time’ sale por unos 15.000 €. Y generar, através de una agencia de comunicación, que tu empresa sea noticia puede traducirse en un contrato de miles de euros mensuales. ¿Entonces? Si los partidos de nuestra querida Partidocracia funcionan como entidades lucrativas (ejemplos hay muchos, pero el número de sospechas es ciertamente interminable). ¿Por qué narices se les regala semejante espacio? ¿O es que pagan a través de instituciones públicas? Una manera de dejar de ‘chuparse el dedo’ sería tener esto en cuenta antes de desplegar un diario o encender un noticiero. Tan triste como real. Tan real como dramático.

(Nota para mañana: clasificar las camisas buenas por orden alfabético. Por marcas, colores. O como te dé la gana.. Todo con tal de tener entretenida la mente. Y no meterte en jaleos, Juan…)

Bien, pues llegados a este punto, lo que el sufrido lector/consumidor de información-propaganda no debería dejar que sucediera es que, encima, tenga que escuchar algunas perlas como las que sugiero a continuación. Y que fueron extraídas de un Congreso al que asistieron Mariano Rajoy y Pepiño Blanco:

1. Rajoy: “Es un sarcasmo decir que la España del ladrilo va a ser sustituida por la del conocimiento”.

Evidentemente, este señor se refiere a la primera acepción de “sarcasmo”: “Burla sangrienta, ironía mordaz y cruel con que se ofende o maltrata a alguien o algo”.

Es evidente también que se refiere a la poca corrspondencia que esa frase (la de que España va a cambiar el ladrillo por algo) tiene con la realidad. Pero no es menos evidente que, viniendo de un ex ministro, ex portavoz gubernamental, ex vicepresidente del Gobierno, ex mandamás del dinero ajeno, se está olvidando de un pequeño matiz que es un GRAN SARCASMO en sí mismo: El ladrillo, querido amigo, pertenece, perteneció y pertenecerá al legado de gestión facilona y mediocre que el Gobierno del PP instauró con la barra libre de arcilla, yeso y hormigón.

(NOTA PARA EL BLOG BUENO: En lo sucesivo, contactar con el PP y el PSOE y pedir en torno a 2 céntimos por mención. Eso o dejar de hablar de ellos…)

2. Pepiño Blanco. “Pese a las bromas de Rajoy, no estamos dispuestos a crecer con un modelo del pasado”.

Bien, aquí el desamparo es completo. Primero porque, aunque la débil estructura ósea del mandamás socialista (da igual donde se le ponga que este pincha más que un anzuelo) tienda a simplificar las cosas para poder entenderlas, lo que Rajoy criticó fue  el “sarcasmo” de decir una cosa y hacer otra.

En segundo lugar, un gobierno que se jacta de reformista no puede destinar tanto dinero a mantener el negocio de la construcción. No puede ofertar VPO a precio de mercado para mantener la burbuja que embriagó el sistema. No puede maltratar las nuevas tecnlogías, la innovación. Ni castigar a las empresas que buscan hacerse un hueco en los mercados que crean valor añadido en conocimiento. Como la mía. Por cierto les presento: lector, Prelum. Prelum, lector.

Es inconcebible que se siga aceptando y trasladando a los medios este tipo de debates. Tan mezquinos como estériles y falsos. Cuidado, porque lo que se está haciendo con nuestro sentido común/conocimiento es un sarcasmo. ¿O es que lo que realmente se pretende es convertir nuestros cerebros en ladrillos?

Seguiremos atentos…