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Perdonen la ofrenta. Pero hoy me veo obligado a recurrir al sarcasmo de citar a un político. Saben que no es de mi gusto, ya que encuentro desmedido el hueco que nuestros políticos tinen en los medios de comunicación. Pero la actualidad manda.

sarcasmo

Un día me preguntó un amigo publicista si sabía lo que una marca debería pagar por ocupar el espacio mediático de cualquier partido político. Incluso IU… Y la respuesta es que no hay dinero en una organización, por muy multinacional que sea, para hacer frente a ese hipotético gasto. Calculen ustedes: una página del diario El País o El Mundo viene a costar unos 25.000 euros (8.000 con regates). Un anuncio de 20 segundos en ‘prime time’ sale por unos 15.000 €. Y generar, através de una agencia de comunicación, que tu empresa sea noticia puede traducirse en un contrato de miles de euros mensuales. ¿Entonces? Si los partidos de nuestra querida Partidocracia funcionan como entidades lucrativas (ejemplos hay muchos, pero el número de sospechas es ciertamente interminable). ¿Por qué narices se les regala semejante espacio? ¿O es que pagan a través de instituciones públicas? Una manera de dejar de ‘chuparse el dedo’ sería tener esto en cuenta antes de desplegar un diario o encender un noticiero. Tan triste como real. Tan real como dramático.

(Nota para mañana: clasificar las camisas buenas por orden alfabético. Por marcas, colores. O como te dé la gana.. Todo con tal de tener entretenida la mente. Y no meterte en jaleos, Juan…)

Bien, pues llegados a este punto, lo que el sufrido lector/consumidor de información-propaganda no debería dejar que sucediera es que, encima, tenga que escuchar algunas perlas como las que sugiero a continuación. Y que fueron extraídas de un Congreso al que asistieron Mariano Rajoy y Pepiño Blanco:

1. Rajoy: “Es un sarcasmo decir que la España del ladrilo va a ser sustituida por la del conocimiento”.

Evidentemente, este señor se refiere a la primera acepción de “sarcasmo”: “Burla sangrienta, ironía mordaz y cruel con que se ofende o maltrata a alguien o algo”.

Es evidente también que se refiere a la poca corrspondencia que esa frase (la de que España va a cambiar el ladrillo por algo) tiene con la realidad. Pero no es menos evidente que, viniendo de un ex ministro, ex portavoz gubernamental, ex vicepresidente del Gobierno, ex mandamás del dinero ajeno, se está olvidando de un pequeño matiz que es un GRAN SARCASMO en sí mismo: El ladrillo, querido amigo, pertenece, perteneció y pertenecerá al legado de gestión facilona y mediocre que el Gobierno del PP instauró con la barra libre de arcilla, yeso y hormigón.

(NOTA PARA EL BLOG BUENO: En lo sucesivo, contactar con el PP y el PSOE y pedir en torno a 2 céntimos por mención. Eso o dejar de hablar de ellos…)

2. Pepiño Blanco. “Pese a las bromas de Rajoy, no estamos dispuestos a crecer con un modelo del pasado”.

Bien, aquí el desamparo es completo. Primero porque, aunque la débil estructura ósea del mandamás socialista (da igual donde se le ponga que este pincha más que un anzuelo) tienda a simplificar las cosas para poder entenderlas, lo que Rajoy criticó fue  el “sarcasmo” de decir una cosa y hacer otra.

En segundo lugar, un gobierno que se jacta de reformista no puede destinar tanto dinero a mantener el negocio de la construcción. No puede ofertar VPO a precio de mercado para mantener la burbuja que embriagó el sistema. No puede maltratar las nuevas tecnlogías, la innovación. Ni castigar a las empresas que buscan hacerse un hueco en los mercados que crean valor añadido en conocimiento. Como la mía. Por cierto les presento: lector, Prelum. Prelum, lector.

Es inconcebible que se siga aceptando y trasladando a los medios este tipo de debates. Tan mezquinos como estériles y falsos. Cuidado, porque lo que se está haciendo con nuestro sentido común/conocimiento es un sarcasmo. ¿O es que lo que realmente se pretende es convertir nuestros cerebros en ladrillos?

Seguiremos atentos…

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Es curioso, vengo de asistir al XII Congreso Nacional de Empresa Familiar. Que nadie piense en la típica panadería o lencería que da trabajo al ‘cuñao’ y la parienta en caja. Nada de eso. El término familiar, en este ilustre caso, es algo bien distinto. No hay más que observar el ‘garito’ que montaron en Zaragoza el lunes y martes pasados. Rajoy, Pepiño Blanco, el presidente de Telefónica, Ana Patricia Botín, entre otros… Canapés de 35.000 euros (ríete del catering de la Gürtel). Y un escenario que podría hacer sonrojar al propio Cesar Augusto, fundador de la ciudad. Mi ciudad.

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Es decir, hablamos, como bien lo definió Rajoy, de “sagas familiares”. Los Blanchard, los Blecua, los ‘Talycual’… Personas cuyo apellido es algo más que la palabra que acompaña al nombre. Es la impronta, la marca de un pasado que acompañará a su portador de por vida. Haga lo que haga. Para bien y para mal. Un matrimonio léxico que sepultará su identidad a cambio de mesa y mantel. Y servicio doméstico, claro está…

Aclarados los preliminares, el acto en cuestión tuvo la desgraciada anécdota del desprendimiento de una loseta del techo del auditorio, que por poco mata a alguno de nuestros ilustres ‘familiares’. La organización del cotarro loca del susto. Y de tener que realojar al personal en una sala más pequeña. Mucho más pequeña. Pero aquello dio más de sí de lo que pudiera parecer a simple vista.

(NOTA PARA EL BLOG BUENO: La próxima tendencia del Marketing de Congresos puede consistir en provocar pequeños altercados, como la caída de una loseta o la invasión del escenario por un grupo de actores noveles (en ambos casos, la estampida está asegurada); de modo que se propicie la ‘charleta’ entre los asistentes. Y lo que los cursis llaman relaciones públicas)

Cientos de personas elegantes y con tarjeta de visita policromada subiendo por una escalera mecánica. No hay que ser un hacha para darse cuenta de que aquello iba a dar mucho juego. Así que aquí van algunas notas básicas:

1.- Se ha impuesto definitivamente la frase recurrente (como respuesta al tradicional “¿cómo te va?”) “sobreviviendo que no es poco”. Suele venir precedida de un “bah, tampoco nos va del todo mal”. Hasta aquí todo bien… Quizás sea algo coyuntural y propio de esta época marcada por la crisis. Pero viniendo de gente que se gasta 1.000 € por acudir a un congreso que uno puede colarse sin acreditarse (hice la prueba y era de sonrojo), pues resulta curisoso. Sin más!

2.- Otra moda que no caduca: la melena de media nuca. Se impuso en los 80, a raíz de las películas de yuppies y es imposible acabar con ella. ¿Nadie en sus empresas, amigos o familiares les va a decir a los carcamales empresarios familiares que la anacronía resulta ridícula?

y 3.- Me apena, pero es cierto. Esta gente sigue viviendo en un mundo alejado del suelo, separado por unos 40 cm de aire; lo cual les permite, ¡sin sonrrojo!, sentirse aludidos cuando el ponente de turno habla del valor del emprendimiento. Del riesgo o del esfuerzo. Que yo sepa, cuando uno recibe una herencia, el emprendimiento se relaja. Sobre todo, en comparación con quien hace lo mismo sin haber recibido la susodicha, hipotecado su casa, o pedido dinero –de verdad- a terceros. Entonces, esos 40 cm de aire se convierten en tierra. Bajo tierra, claro está…